“Mediante la narrativa construimos, reconstruimos, en cierto
sentido hasta reinventamos, nuestro ayer y nuestro mañana”
Jerome
Bruner
“La escuela tiene la
responsabilidad de crear ambientes propicios para que los niños tengan
oportunidades necesarias para desarrollar una competencia comunicativa que les
permita comenzar a interactuar en diferentes contextos y constituirse en
miembros activos de una comunidad de hablantes, lo cual implica asumir
plenamente el derecho a la palabra.”[1] “Saber” una lengua es dominar las habilidades de su uso en
situaciones concretas de interacción, entendiendo y produciendo configuraciones
discursivas adecuadas a los diferentes contextos y percibiendo las diferencias
entre diversas formas de expresión. El desarrollo de las competencias lectoras
entendidas en términos de proceso sólo puede ser el resultado de una tarea
sistemática en cada nivel de enseñanza, dentro de una concepción amplia de
alfabetización que contemple su carácter permanente e interdisciplinario, y en
estrecha relación con la idea de que la lectura se define como una práctica
cultural socializada que posee clara incidencia en el desarrollo del pensamiento crítico y de la imaginación.
[1] Prediseño Curricular. Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires. Secretaría de Educación. 1999. Página 152.
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